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Leopoldo Abadía

19 febrero, 2011

Leopoldo Abadía (Zaragoza, 1933) es un profesor y escritor español

conocido por su análisis de la crisis económica actual 

Leopoldo Abadía (autor de ” La crisis Ninja “) dice

en su artículo: 

Me escribe un amigo diciendo que está muy preocupado

por el futuro de sus nietos.
Que no sabe qué hacer: si dejarles herencia para que

estudien o gastarse el dinero con su mujer y que “Dios

les coja confesados”.
Lo de que Dios les coja confesados es un buen deseo,

pero me parece que no tiene que ver con su preocupación.
En muchas de mis conferencias, se levantaba una señora

(esto es pregunta de señoras) y decía esa frase que me

a mí me hace tanta gracia: ”qué mundo les vamos a dejar

a nuestros hijos?”
Ahora, como me ven mayor y ven que mis hijos ya están

crecidos y que se manejan bien por el mundo, me suelen

decir ”qué mundo les vamos a dejar a nuestros nietos?”
Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy

más convencido:
“y a mí, qué me importa?!”
Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me

importa muy poco.
Yo era hijo único. Ahora, cuando me reuno con los otros

64 miembros de mi familia directa, pienso lo que dirían

mis padres, si me vieran, porque de 1 a 65 hay mucha

gente. Por lo menos, 64.
Mis padres fueron un modelo para mí. Se preocuparon

mucho por mis cosas, me animaron a estudiar fuera de casa

(cosa fundamental, de la que hablaré otro

día, que te ayuda a quitarte la boina y a

descubrir que hay otros mundos fuera de

tu pueblo, de tu calle y de tu piso), se

volcaron para que fuera feliz. Y me exigieron mucho.
Pero qué mundo me dejaron? Pues mirad, me dejaron:
1. La guerra civil española
2. La segunda guerra mundial
3. Las dos bombas atómicas
4. Corea
5. Vietnam
6. Los Balcanes
7. Afganistán
8. Irak
9. Internet
10. La globalización
Y no sigo, porque ésta es la lista que me ha salido de un

tirón, sin pensar. Si pienso un poco, escribo un libro.
Vosotros creéis que mis padres pensaban en el mundo

que me iban a dejar? Si no se lo podían imaginar!
Lo que sí hicieron fue algo que nunca les agradeceré

bastante: intentar darme una muy buena formación.

Si no la adquirí, fue culpa mía.
Eso es lo que yo quiero dejar a mis hijos, porque si me

pongo a pensar en lo que va a pasar en el futuro, me entrará

la depre y además, no servirá para nada, porque no les

ayudaré en lo más mínimo.
A mí me gustaría que mis hijos y los hijos de ese señor

que me ha escrito y los tuyos y los de los demás, fuesen

gente responsable, sana, de mirada limpia, honrados,

no murmuradores, sinceros, leales. Lo que por ahí se

llama “buena gente”.
Porque si son buena gente harán un mundo bueno.
Por tanto, menos preocuparse por los

hijos y más por darles una buena formación:
que sepan distinguir el bien del mal,
que no digan que todo vale,
que piensen en los demás,
que sean generosos. . . .
En estos puntos suspensivos podéis poner todas las cosas

buenas que se os ocurran.
Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó

una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel

día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar

a nuestros hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho qué

hijos íbamos a dejar a este mundo.
A la señora joven le sobraba sabiduría, y me hizo pensar. Y

volví a darme cuenta de la importancia de los padres.

Porque es fácil eso de pensar en el mundo, en el futuro, en lo

mal que está todo, pero mientras los padres no se den cuenta

de que los hijos son cosa suya y de que si salen bien, la

responsabilidad es un 97% suya y si salen mal, también,

no arreglaremos las cosas.
Y el Gobierno y las Autonomías se agotarán haciendo Planes

de Educación, quitando la asignatura de Filosofía y volviéndola

a poner, añadiendo la asignatura de Historia de mi pueblo

(por aquello de pensar en grande) o quitándola, diciendo que

hay que saber inglés y todas estas cosas.
Pero lo fundamental es lo otro: los padres. Ya

sé que todos tienen mucho trabajo,
que las cosas ya no son como antes,
que el padre y la madre llegan cansados a casa,
que mientras llegan, los hijos ven la tele basura, que lo de la

libertad es lo que se lleva,
que la autoridad de los padres es cosa del siglo pasado.
Lo sé todo. TODO. Pero no vaya a ser que como lo sabemos

todo, no hagamos NADA.
Leopoldo Abadía
P. D .
1. No he hablado de los nietos, porque para

eso tienen a sus padres.
2. Yo, con mis nietos, a merendar y a decir tonterías y

a reírnos, y a contarles las notas que sacaba su padre

cuando era pequeño.
3. Y así, además de divertirme, quizá también ayudo

a formarles.


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