Diputados, razas y otras (malas) hierbas
Que si la situación económica no mejora, que si el paro, la cuesta de enero, la de febrero, marzo y abril. Que si en un país laico la educación es errónea. Que si llamar a mi hijo Romualdo es indecoroso para la Iglesia. Que si ahora no podemos tener educación sexual…
Son tantos que si que podría estar horas y horas relatando la actualidad, pero no olvidemos, siempre temas negativos. La sangre y la muerte venden. La desgracia también. Por eso existe Gran Hermano, Sálvame y sucedáneos. Porque son unos “desgraciaos” sin oficio ni beneficio.
Otros desgraciados de la vida y no porque sean pobres son los políticos. Sí, vuelvo a ello. Me repito, lo sé. Pero también reconozco que ellos se repiten aún más y ahí los tenéis.
Ahora los señoritingos de las pelotas dicen que “no tocarán sus pensiones porque no son como el resto de los ciudadanos”. Ea, y tan panchos que se quedan. Por una parte me alivian estas declaraciones. Si todos los ciudadanos fuésemos tan capullos como ellos, viviríamos en una “ciudad sin ley”, vamos, que Ciudad Juárez al lado de nuestra sociedad sería el Toys r´Us de la humanidad.
Los diputados señores míos, ¡no fichan! Por lo tanto, van a las reuniones cuando les sale del dedo gordo del pie derecho. Alegan que tienen compromisos fuera de esas reuniones. El trabajador de la Nissan también tiene otros compromisos, llamados mujer, hijos, familia, amigos y Mercadona.
En esta situación en la que todos los trabajadores están (estamos, aunque aún no me toca de cerca) encabronados por tener que trabajar hasta los 67 para poder cotizar a nuestro estado del malestar, ellos se complementan las pensiones. Ele, porque ellos lo valen. Cuando un jubilado actual ha trabajado durante tooooooooda su vida (algunos desde la niñez cuidando cabras y cerdos[animales, no políticos. Esos se cuidan solos por lo que se ve.]) resulta que llegan a la merecida y ansiada jubilación con una pensión que roza lo escandaloso, la risa más profunda o el llanto más desconsolado. Con 500 euros, si acaso, el tío más trabajador de toda la comarca tiene que vivir y sostenerse. Olvídese de los viajes de la vejez. Usted ya dio demasiados paseos con las cabras.
Pero no. Los diputados que son de una raza superior (a qué me recuerda…mmm un bigotillo quizá) cobran durante su dura, asquerosa e indeseable vida laboral un pastizal. Con unos horarios que son penosos (por las pocas horas que echan), con unas condiciones laborales que están todo el día buscando pico y pala, para cavar la fosa de los trabajadores rasos, los proletarios, nosotros, porque ellos, recordemos, son de raza superior, aria, a partir de ahora. Pues estos arios no tienen más ocupación por lo que se ve que echarse pestes los unos a los otros, Gobierno a oposición y oposición a Gobierno. No contentos con la ardua tarea desempeñada, son los únicos que se niegan a reducirse el sueldo.
Pero la culpa señores, la culpa la tenemos nosotros. Porque hemos sido los que hemos depositado nuestra confianza en ellos y porque cuando se la queremos arrebatar no sabemos más que dar dos gritillos en la mitad de la calle y poner la cabeza como un bombo al camarero del bar que te sirve para aliviar penas. Pues no, lo que falta aquí es decisión, sentimiento y dejar de ser cobardes. Si algo ocurre en esta vida es que si no se lucha por lo que se quiere, nadie va a venir a regalártelo y por supuesto estos marqueses arios tampoco te lo van a traer en bandeja de plata. ¿Qué queremos? ¿Ser un instrumento más? ¿Nos consideramos tan cabezahueca que no sabemos pedir nada por nosotros mismos? Tampoco hago un llamamiento a la revolución por la revolución, pero qué menos que dedicar una ínfima parte de nuestra energía para reivindicar algo tan básico en una sociedad del siglo XXI como es el bienestar.
Y desde el nerviosismo previo a exámenes, señores, como son mis superiores, los superiores de todos los españoles, les dedico esta coplilla xD: “Ellos, que son tan guapos y tan listos, ellos que se merecen un complemento pa sus pensiones, ellos. Ojalá no se queden a nuestro lado porque el mundo nos parecería menos amable, más raro menos humano” (María Jiménez a mi cabeza con las plumas en la suya
).
Ana.
